el poder y la FAMA
Manolo Saco nos regala hoy otra de sus perlas humanísticas:
Yo tengo la teoría de que no es tan tonto como se empeña en hacernos creer, quizá para zafarse de sus responsabilidades. Creo, de verdad, que el peso de las obligaciones de Estado es tan inmenso que sólo puede ser soportado sin grandes desperfectos de ánimo por sujetos de mente equilibrada. El poder crea una falsa percepción del mundo, pues la realidad le llega filtrada, como una lente que rodea al sujeto, que poco a poco va engordando al tiempo que crece la deformación de la visión de la realidad. Mientras tienes el poder, todo va bien, pero cuando lo pierdes y sigues conservando la lente deformante como si nada hubiese cambiado, haces el ridículo.
Yo fui testigo cercano de este efecto deformante que os cuento. Tuve un compañero en televisión al que le dieron un programa en horario estelar. No os voy a dar el nombre, no insistáis. Unos días antes de su estreno en antena me dijo muy solemne: “Manuel, si ves que con el tiempo la fama se me sube a la cabeza, júrame que me lo dirás”. Se lo prometí. No se lo juré porque jurar es poner a dios por testigo, y como no existe, sería trampa por mi parte. Pasados varios programas, con el consiguiente aumento de su celebridad, se lo dije: “Se te está subiendo a la cabeza. Te lo estás creyendo”. Desde aquel día dejamos de ser amigos, la realidad no encajaba con su realidad transmitida a través de la lente que se había ido construyendo. A partir de entonces abrigo la sospecha de que la diferencia entre una persona normal y un idiota es la fama. Pero no me atrevo a asegurarlo categóricamente porque conozco infinidad de idiotas completamente desconocidos para el gran público. A mí, sin ir más lejos, no me conoce nadie.
- Publicado por Javier a las 11:07 am
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