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ISRAEL, me acuerdo de tus hijos…

Leo a Rogue Two en un blog por ahí:

Esta mañana veía en la tele un edificio altísimo, en ruinas, con cadáveres por todas partes y todos los edificios cercanos hechos migas. Beirut, creo. Uno imagina: coño, esto ha sido un 747 que se ha estampado contra esto y tal… pero no, va el locutor y dice que ha sido un misilazo de un avión israelí… porque había uno de Hezbolá que tenía un despacho en el edificio.

O sea, “hay un tio en el sexto izquierda al que quiero matar. Perfecto. Reviento tres manzanas a la redonda y así acabo con él. EL resto, bueno, son víctimas colaterales, de hecho son culpa del tío de Hezbolá, por irse a vivir a un edificio con gente, el muy cabrón. Y ojo, al que me diga que me excedo en mi legítima defensa, es que es un antisemita y un nazi.”

Y esto en otro blog de la red

Es esencial para la solución de este conflicto judeo-palestino que erradiquemos de nuestras mentes los estereotipos de buenos y malos. Dos pueblos (israelita y filisteo) con el mismo derecho a la existencia enfrentados a muerte por un suelo que uno no sabe y el otro no quiere compartir. Nadie es inocente porque todos han derramado sangre propia y ajena, hasta tal punto que ya no se puede precisar quién empezó primero.

Sin embargo, conviene tener en cuenta que Israel es la única democracia de esa región fustigada. Un pequeño y próspero Estado occidentalizado, acorazado por un poderosísimo ejército y asentado a duras penas sobre la tierra de sus ancestros y rodeado de varios cientos de millones de musulmanes deseosos de ver desaparecer para siempre el símbolo de la estrella de David. Israel polariza en nuestros días todo el odio y la quimera fanática del integrismo islámico impulsado por regímenes fundamentalistas como el de Irán, y antes el de los talibanes de Afganistán. Por eso es tan importante para Occidente el futuro de Israel, porque su destino preludia el nuestro.

Israel libra una batalla implacable porque sabe como nadie que la alternativa es desaparecer. En la actualidad cuenta con seis millones de habitantes, los mismos que fueron exterminados por los nazis en los campos de exterminio. Pero los enemigos se han multiplicados por cincuenta. Esto hace que sus respuestas sean implacables y contundentes, incluso excesivas, porque no se pueden permitir ninguna debilidad y hasta ahora les mantiene vivos. Hace cincuenta y ocho años el pueblo israelita encontró -después de dieciocho siglos- una nueva oportunidad para establecerse en la tierra de sus orígenes, y se ha conjurado para que nunca más sea arrojado de ella.

El contencioso de los secuestros de sus soldados, uno a manos de Hamás y dos por Hizbuláh, perpetrados en incursiones a su territorio, ha sido el detonante para demostrar al islamismo radical que es falsa su debilidad por la retirada de Gaza y el anuncio de hacerlo en Cisjordania. Este acosamiento en sus propias fronteras no lo puede consentir ningún gobierno de Israel por muy moderado que sea. Hamás e Hizbuláh son la expresión máxima de que el fundamentalismo islámico es el gran enemigo de Occidente. Prueba de ello es cómo tienen parasitado tanto al gobierno de la ANP como al del Líbano. Azuzándoles, sus mentores, Irán y Siria, han cometido un error de proporciones inimaginables, porque Israel no abandonará las presas hasta verlas aniquiladas. La diplomacia, el diálogo y la paz se la traen al pairo porque saben que sus enemigos solos les quieren muertos. Y sus muertos también nos conmueven y nos llenan de horror. ”

Por lo demás mi infinita pena, como padre, por los niños muertos en la guerra.

Y yo sólo puedo decir esto:

¡Hijos de puta! (hay que decirlo más…)

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