GENTES DE IDAHO
Mis amigos de Idaho, primos de una conocida mía de aquí de San Sebastian han accedido por fin a la petición que les hice hace un tiempo: que me contaran la historia de los vascos de Idaho.
Extraída de un semanario local y traducida aqui reproduzco el material que me han enviado.
En 1799, el científico alemán Wilhelm von Humboldt, después de visitar las provincias vascas de Vizcaya y Guipúzcoa, le escribió a su amigo Wolfgang Goethe: “Nunca he visto un pueblo que haya conservado un carácter nacional tan fuerte como los vascos”.
En la primera década de este siglo XX, la colonia vasca de Idaho era ya importante y respetable. Los vascos, fervientes católicos, eran atendidos por el clero yanqui, y el Obispo católico de Boise, R.P. Clorieux, de ascendencia francesa, tenía para los vascos el mayor de los afectos. Pero los primeros vascos querían un “pastor” vasco, un padre que les hablara el euskera con que sus madres les habían enseñado a orar. Aquel deseo fue atendido por el R.P. Clorieux, quien escribió en diciembre de 1910 al Obispo de Gasteiz (Vitoria), monseñor Cadena y Eleta. Este designó al R.P. Arregi para desempeñar aquel puesto, llegando a los Estados Unidos el 11 de junio de 1911.
El P. Arregui Matxiandiarena, prototipo de virtuoso sacerdote gipuzkoano, era natural de Tolosa, donde nació en 1866. Falleció el 22 de marzo de 1939, en su villa natal, a los 73 años de edad. Verdadero sacerdote, pleno de celo, fue auténtico padre para los vascos de Idaho, los cuales se sintieron doblemente protegidos a la llegada del P. Arregi, porque en Boise, por aquel entonces, misioneros protestantes trataban de acercase la colonia vasca, sin lograr el menor de los éxitos.
El P. Arregi fue la primera figura intelectual de los vascos de Idaho, construyó capillas, fue el mentor y el consejero en los negocios, el celebrador de sus matrimonios y el sacerdote que les asesoraba en sus cuitas de toda índole. Más de trescientos hijos de vascos fueron bautizados por el P. Arregi.
A su muerte, todos los vascos de Idaho y sus hijos lucieron luto durante un mes, y el Ayuntamiento de la ciudad celebró una sesión necrológica, además de unos solemnes oficios religiosos. Junto a la persona del P. Arregi hay que distinguir también al P. Francisco de Azpiri de Mendexa (Bizkaia), que también ejerció su ministerio entre los vascos de Idaho. Su estancia no fue muy larga en Idaho, pues luego pasó a la República Argentina.
Asimismo a unos 90 kilómetros de Boise se halla la espléndida colonia vasca de Mountain-Home, la cual es la segunda en importancia del Estado de Idaho. Cuando los primeros vascos llegaron allí a finales del siglo XVIII, Mountain-Home era un lugar casi solitario, agreste, pero de clima agradable y de bellísimas perspectivas. Mountain-Home, más que un valle suizo, parecía un clásico lugar de la campiña gipuzkoana, verde y lustroso, propicio para el turismo.
Así nació este punto de veraneo, al cual comenzaron a ir para descansar y dedicarse a la caza personas de las ciudades cercanas. El primer pionero de Mountain-Home fue José de Bengoetxea, gipuzkoano, quien llegó a Nevada para colocarse como borreguero en los rebaños que el “Padre de los vascos”, Pedro de Altube, poseía, en su Rancho de Valle Independiente. El gran talento ganadero de Bengoetxea hizo crecer los rebaños de su antecesor y amigo, hasta que, al poco tiempo, el mismo Altube, con su grandeza de espíritu, le dijo: “-Hijo, mejor será que me dejes y trabajes por tu cuenta. Toma dólares y toma ovejas, que Dios te ayudará, y también yo…”
Bengoetxea pasó entonces a Mountain-Home llevando su pequeño rebaño por las praderas y pasando desde Nevada a Idaho. El pastor mejoró de situación, y con su perfecta visión de las cosas comprendió que en Mountain-Home había ocasión de grandes negocios instalando un gran hotel. Así lo hizo, y el “Mountain Home Hotel” se inauguró en 1910, con enormes letreros que proclamaban las excelencias de la cocina vasca.
Los negocios de José de Bengoetxea prosperaron de tal manera que financieros yanquis le llamaron para la constitución de una Empresa bancaria, creándose el “Banco Comercial y de Ahorros” de Mountain-Home, con D.W. Latimore, de presidente, y Bengoetxea, de vicepresidente. Este Banco llegó a ser uno de los más importantes del Oeste, sé que en él se atendía con singular preferencia los clientes vascos.
Tras “Joe” de Bengoetxea, ya fallecido, llegaron a Mountain-home multitud de vascos, como Gandiaga y Faustino de Alzola. Estos dos y Bengoetxea se casaron con muchachas vascas de Ogden, Utah, cerca del Largo Salado, y ello creó una leyenda en el Oeste que decía que “las vasquistas” de Utah eran muy bellas.
Poco más tarde se establecieron en Mountain-Home Juan de Mendiola, gipuzkoano, el único vasco que llegó a Idaho sabiendo hablar perfectamente el inglés. Sus expresiones yanquis extrañaban a los ganaderos norteamericanos. Pero es que Mendiola llegó al Oeste después de subirse todo el Mississipi, desde nueva Orleáns, en barca, charlando con los marinos. Extraño caso de inteligencia lingüística la de este hombre, que en cuatro meses aprendió un inglés americano depuradísimo. Nemesio de Aretxabaleta, Alejo de Arrieta, José de Totorica, Higinio de Sendagorta, de Gauteguiz de Arteaga (Bizkaia), Y Francisco de Intxausti se afincaron así mismo en Mountain-Home, llegando a ser personas de excelente posición.
En cuanto a la colonia de Shoshone, esta fue iniciada por Vicente de Gisasola, de Ea, seguido de Julián de Pagoaga, de Motriko, y de Francisco de Onaindia, de Murélaga, así como Manuel de Beitia, de Eskoriaza. La colonia de Shoshone es reducida, pero tiene predicamento entre las autoridades de Boise. En efecto, gracias a los vascos, una enorme zona de unos 20.000 kilómetros cuadrados fue convertida en un vergel. Shoshone ganaba además, en los concursos de ganadería que se celebraban todos los años premios importantísimos por la calidad y el cuidado de las razas de ovejas que se presentan por los ganaderos.
Los vascos de Idaho han llevado siempre una vida trabajadora y morigerada, que les ha servido para ganarse el aprecio de los norteamericanos y para labrarse situaciones envidiables. El emigrante del País Vasco se percató desde su llegada de que allí era preciso dar ejemplo, máxime cuando por aquéllas tierras en plena colonización la vida era ruda y los hombres francamente difíciles. El pastor vasco no se divertía porque su vida transcurría en las montañas y en las praderas. Sin embargo, cuando bajaba a Boise, una vez al año, solía jugar en pequeños frontones que se habían construido.
Hoy en Idaho, lo vasco es una seña de identidad de éste estado.
- Publicado por Javier a las 12:10 pm
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